domingo, 21 de junio de 2015

Padre sin hijo


Hoy en muchos lugares se celebra el día del Padre. Independientemente de las motivaciones consumistas que la mercadotecnia tiene para “festejar” ciertos días (del amor y la amistad, de las madres, la Navidad misma), debemos festejar la paternidad. Ciertamente el modelo eminente de Padre-Madre lo encontramos en Dios mismo, pero así como la Iglesia y la Virgen María son la expresión visible de la maternidad, así también hay un modelo de la auténtica paternidad responsable en la Iglesia: San José.
Sabemos muy poco de san José, mucho menos que de la Virgen María, razón por la cual podemos pensarlo como una “figura secundaria”. No es así, no es como un extra en el plan de Dios, es una pieza clave. María no era de la estirpe de David, José sí lo era (y de acuerdo con la costumbre judía, es el esposo quien da la estirpe).
El evangelista que nos da algunas pinceladas sobre san José es Mateo. Sabemos que aceptó el voto de virginidad de María (Lc 1,34: “Dijo María al Ángel: ¿Cómo será esto posible si no conozco varón?”), lo cual lo constituyó, según palabras del Beato Pío IX en “testigo de su virginidad y defensor de su honestidad” (Encíclica Quamquam pluries del 15 de agosto de 1889). 
De acuerdo con las costumbres judías, cuando una esposa había sido infiel a su esposo, él debía repudiarla (el repudio es el “rechazo” del varón hacia su esposa y “devolverla” a su casa; incluso, si esto se denunciada públicamente, la mujer podía morir apedreada). Cuando san José se da cuenta del embarazo de su esposa, dado que “era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto” (Mt 1,19). La palabra “justo” en el Antiguo Testamento se refiere al hombre virtuoso, que vive conforme a la voluntad de Dios, a lo que llamaríamos santo actualmente. José prefiere cargar sobre sí la “culpa” que exponer a su esposa a la vergüenza pública e, incluso a la muerte, a pesar que, de acuerdo con las leyes y costumbres de la época, estaba en todo su derecho.
“Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.” (Mt 1,20.24, este es el pasaje conocido por algunos como la “Anunciación a José”). A pesar de lo que “pudiera parecer”, José es dócil a la voluntad divina. No será la primera vez que un ángel le habla en sueños a José y él es dócil a su mensaje: es alertado de la persecución de Herodes (Mt 3,3-15) e invitado a volver cuando Herodes había muerto (Mt 3,19-23). 
Lo siguiente que sabemos de él, es que Jesús “les estaba sujeto y crecía en sabiduría y edad y gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,51-52). Jesús aprendió no sólo el oficio de la carpintería de su padre (se le conocía como el carpintero), sino que también ese “crecimiento en sabiduría y gracia” se debió a la mano de José y María. No sabemos cuándo murió, pero se asume que fue en algún momento antes de la vida pública de Jesús (de lo contrario, no habría mandado a María con san Juan).
José, le enseñó a Jesús la justicia, el trato digno a su Madre, el saber ver más allá de la ley y tratar con misericordia. Ser trabajador y responsable. Probablemente el primer maestro de oración de Jesús fue él, pues en sueños estaba acostumbrado a escuchar la voz de Dios, le enseñó a escuchar la voluntad de Su Padre. Ese aparente silencio (san José jamás dice una palabra en toda la Escritura) representa el de una vida callada, donde Dios es quien habla y José es quien escucha.
El Papa Benedicto XVI, en el mensaje del Angelus del 19 de marzo de 2006, dijo: “del ejemplo de San José llega a todos nosotros una fuerte invitación a desarrollar con fidelidad, sencillez y modestia la tarea que la Providencia nos ha asignado. Pienso ante todo en los padres y madres de familia, y ruego para que sepan siempre apreciar la belleza de una vida sencilla y laboriosa, cultivando con atención la relación conyugal y cumpliendo con entusiasmo la grande y no fácil misión educadora”. 
No debió haber sido fácil para Él saberse llamado a esa vocación tan grande de cuidar “al Hijo del Altísimo” y a María. Es una vocación porque aunque Dios le propone el Plan en sueños, es José quien libremente decide aceptarlo. Su renuncia a un protagonismo (por eso de él se menciona apenas algo), su renuncia a un hijo de su carne y sangre, su renuncia a hacer su voluntad (sigue las indicaciones de Dios), hacen de él un gran ejemplo en este día del padre.
De manera particular, puedo decir con gran gusto que yo tengo un padre que me ha inculcado valores, para quien la honestidad y el respeto a la ética es invaluable, que me ha enseñado el valor del trabajo duro, que no hay almohada más cómoda que la de la conciencia tranquila, que no puedes exigir sin antes dar, que me ha educado por muy doloroso que sea (no soy hueso fácil de roer), que ha estado en momentos difíciles y duros de mi vida, que ama perdidamente a mi madre y le da su lugar; me ha enseñado más con su ejemplo que con su palabra, me ha corregido cuando ha sido necesario. No es mi amigo, porque no cayó en el error de querer serlo, siempre se supo mi padre y yo me he sabido su hijo, y eso implica que es un modelo para mí.
 Deseo terminar esta entrada con un fragmento del himno a san José de las Laudes de la Liturgia de las Horas del día 19 de marzo:

“Escuchen qué cosa y cosa
tan maravillosa, aquesta:
un padre que no ha engendrado
a un Hijo, a quien otro engendra.

Un hombre que da alimentos
al mismo que lo alimenta;
cría al que lo crió,
y al mismo sustenta que lo sustenta.

Manda a su propio Señor, 
y a su Hijo Dios respeta;
tiene por ama a una esclava,
y por esposa a una reina.

Celos tuvo y confianza,
seguridad y sospechas,
riesgos y seguridades,
necesidad y riquezas.”

Ojalá que en este día revaloremos a nuestros padres, a los que están y a los que ya no nos acompañan y que ellos sepan imitar al gran san José.


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1 comentario:

  1. En España el día del padre es el 19 de marzo. Luego del fin de la dictadura, se cambio la fecha del día de la madre (8 de diciembre), pero no está.

    Saludos

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