lunes, 7 de marzo de 2011

Martes de Carnaval


Carnaval de Río
En numerosas ciudades costeras es famoso el carnaval, una fiesta en donde los sentidos se recrean al máximo: hay disfraces, colores, movimientos, bailes, comida, bebida y otras diversiones más para todos los gustos. El sentido “religioso” es por la “preparación” para la Cuaresma (larga y sin carne, suelen decir en México), ya que es una época de “ayuno, penitencia, privaciones, etc.” y pues hay que prepararse.
Procesión del silencio
La verdad es que hace muchos años (me refiero a casi sus inicios), la Cuaresma efectivamente eran 40 días de ayuno y sacrificio (sí, en los 40 se ayunaba). Esa era una época muy enfocada en la mortificación corporal y en la penitencia exterior: los penitentes cumplían una pena externa por sus pecados (un letrero, una cierta vestimenta), nacen las procesiones del silencio y muchas manifestaciones de penitencia exterior.
Como era una época en que el exterior contaba demasiado (me refiero en cuestión de vivencia de la religión), no había un verdadero convencimiento (me refiero al carnaval) sobre el significado real de la Cuaresma y entonces había que “reponer” los gustos que no se podían dar durante esos días.
Desgraciadamente, por lo menos en México, esto no ha cambiado mucho. El Miércoles de Ceniza, el cual marca el inicio de la Cuaresma, es el día en el que hay más afluencia de gente en los templos, salen cristianos hasta por debajo de las piedras y todos quieren “tomar ceniza”. Algunos templos hacen celebraciones cada media hora donde imponen la ceniza a los asistentes y se ven obligados a cerrar las puertas para evitar que sólo tomen la ceniza y se vayan (o hacer una fila interminable de gente). Simplemente puedo decir que menos de la cuarta parte de esa gente asiste regularmente a Misa (ya no digamos cada domingo, sino cada mes al menos). La gente se confiesa “de no haber ido a tomar Ceniza el Miércoles”, pero omite otros “peces gordos”.
Polvo eres...
La Ceniza y la Cuaresma tienen un significado más profundo que lo anterior. Exigen un cambio de vida radical. La Ceniza nos recuerda que “polvo somos, y al polvo hemos de regresar”. No es el terror a la muerte, amenazarnos con el fuego y el castigo eternos. Simplemente es recordarnos el hecho básico que todo ser humano enfrenta: algún día moriremos y tendremos que rendir cuentas de nuestros actos. Pecamos, sí, pero podemos “arrepentirnos y creer de nuevo en el Evangelio”.
La ceniza se convierte en un signo, en un recordatorio, que no es un amuleto ni la fórmula para enderezar mi sendero hacia Dios. Dios me dará su ayuda en la medida en que yo me prepare para recibirla y aceptarla. Eso se hace a través de tres acciones, muy simples pero que implican un verdadero compromiso.

Oración.
Basta la soledad para orar
Hay que fomentar el trato con Dios. No sólo es recitar padrenuestros y avemarías o credos y salves, es platicar con Él como se platica con un amigo. Es difícil hacerlo en un mundo lleno de ruido, de la imagen, en donde hay una alergia a estar solo y en silencio. Pero al final, solamente ahí, en soledad y silencio, es donde Él habla y nosotros podemos escuchar.
No es necesario dedicar días enteros, lo importante es que le dediquemos más tiempo del habitual al trato con Dios. Cinco minutos pueden ser un buen comienzo para quien nunca se ha acordado de Él. Qué mejor si esos minutos son en familia.
La Oración no puede estar completa sin participar en la Misa. El encuentro personal con Dios en la oración nos debe llevar al encuentro comunitario con Él. Recibirlo en la Comunión debe ser “la cereza del pastel”. Para ello será necesario hacer el ejercicio de examinar nuestra conciencia, y recibir el perdón de Dios a través de la confesión (Reconciliación, Penitencia, como acostumbres llamarle). La Cuaresma es un tiempo excelente para recobrar esa amistad perdida.

Ayuno.
Ayuno y oración: la receta secreta
Las disposiciones actuales para México indican que el ayuno es obligatorio entre los 18 y 60 años sólo el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, en tanto que abstenerse de carne (res, cerdo, aves) lo es entre los 14 y 60, exceptuando a las personas enfermas y embarazadas. A veces esta disposición se confunde (nos sale lo fariseo y nos vamos por lo textual sin entender el sentido) y nos olvidamos que el primer ayuno que debemos hacer es el de pecar. De nada sirve que yo observe el ayuno y la abstinencia si sigo viviendo mi misma vida sin mover un solo dedo por cambiar (esto no debe servir de pretexto para decir: “¿Para qué ayuno entonces? Mejor no ayuno y sigo igual”).
Ayuno significa mortificación, negarme en algo que es lícito pero que me puede ayudar. ¿Algunos ejemplos? Reducir el tiempo de ver televisión, o de internet, o no comer esa comida que tanto me gusta, o comer la que no me gusta. Nuestra creatividad nos debe llevar a realizar obras pequeñas, pero que signifiquen un esfuerzo para nosotros.
El sentido no es “sufrir por sufrir” (no somos masoquistas). Sabemos que nada hay que se consiga sin esfuerzo y estos pequeños sacrificios nos ayudan a acrecentar nuestra fuerza de voluntad, a reparar (aunque sea un poco) nuestros pecados. Estos pequeños sacrificios no deben desplazar (en modo alguno) al ayuno y abstinencia alimenticios, más bien los complementan, los plenifican.

Limosna.
A veces la relacionamos sólo con dar dinero o cosas que nos sobran. Eso es bueno, pero no es suficiente. Decía la Beata Madre Teresa de Calcuta: “Hay que dar hasta que duela”. No es masoquismo, sino que hay que dar de uno mismo. En este mundo tal vez lo más valioso que tenemos, es el tiempo, y eso es lo que deberíamos dar.
Limosna: dar de sí
Tiempo para convivir con la esposa o esposo, con los padres o los hijos, con ese familiar anciano o enfermo, con ese vecino que nadie visita, o con aquella persona que está en el hospital o el asilo. Dar un consejo a quien lo necesita, consolar al que sufre, enseñar al que está equivocado, visitar el enfermo, vestir al desnudo… sí, son las obras de misericordia corporales y espirituales, y en la Cuaresma deben estar de moda.
La limosna nos debe llevar a sentir verdadero interés, compasión, amor por la otra persona. No es impersonal, no es depositar una moneda en el bote de la persona que pide dinero (personalmente les confieso que tengo mis reservas hacia esas personas), sino es depositar algo de mí (mi tiempo, mi conocimiento, mi vida…) en otra persona.

Estas tres obras, Oración, Ayuno, Limosna, nos deben acercar más a Dios y a las personas que nos rodean. La Cuaresma tiene sentido solamente si la vivimos así.
El año pasado di clases en un Colegio Particular, a alumnos de entre 12 y 15 años. Diseñé un Calendario Cuaresmal, en donde yo les proponía una obra diaria, pequeña, pero que los hiciera vivir mejor su Cuaresma y ellos tenían que anotar si lo hicieron o no. Les comparto este calendario, es probable que les pueda aportar algunas ideas sobre cómo vivir este tiempo de oportunidad (si queremos, podemos cambiar parte de nuestra vida) lo pueden consultar en esta liga: http://www.box.net/shared/gkdf8g4ct9 (si tienes problemas con el Mozila intenta con el Explorer). Prometo subir en próximos días algunos esquemas-guía de exámenes de conciencia, pero ese será otro tema.
En la siguiente entrada continuaré con los temas pendientes sobre los Apócrifos.

2 comentarios:

  1. Toño:

    La cuaresma como dices tiene sentido si se vive. Muy pocos, la viven, otros pocos intentamos y los más pasan de ella.

    El miércoles de cenizas amanezco de guardia...
    Ya veré como hago.

    Saludos y Feliz carnaval (lo que queda)

    ResponderEliminar
  2. Efectivamente Manuel. Lo importante es vivir la Cuaresma, o por lo menos hacer el intento serio.

    suerte con la guardia =)

    ResponderEliminar